Invitación al amor
Comprometida tarea el oficio de amar, en estos momentos de la evolución del mundo en que impera muchísimo el rencor, el odio, "el ojo por ojo", cuando no se piensa en las consecuencias internas que se derivan para el alma - creada por Dios, sólo para amar - y que nos arrastran indefectiblemente a la perdición, al alejamiento de la luz, que es Nuestro Señor y que nos sumirá eternamente en la oscuridad, si no nos retractamos a tiempo, si no nos reconciliamos con Él.
Leemos en Lucas 6: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian...". No es una utopía; si lo dice el eterno Hijo de Dios, es válido para hoy, mañana y siempre. Pero se requiere gran oración, perfecta oración, "sentirse llamado", creerse hijo del Altísimo y hermano de los hombres. Sólo así se puede confiar en el poder de la oración. El Señor del amor que supo perdonar desde la cruz a sus condenadores, que sufrió en su cuerpo el dolor de los clavos, las blasfemias e injurias y todo tipo de ofensas, nos exhorta a amarnos como Él nos amó. La violencia engendra violencia. Debemos meditar bien en nuestro corazón a dónde nos conducen estas conductas negativas. El hombre fue creado a imagen de Dios para que la Tierra fuera un paraíso, donde, sí, reinara el amor, pero se están derramando muchas lágrimas, consecuencias del desamor.
"Si hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe", nos enseña San Pablo en el capítulo 13 a Los Corintios, que es todo un himno o canto al amor, "que es benigno, no es envidioso, no busca lo suyo, todo lo excusa". Para el apóstol, la caridad no tiene límites. Sus cartas todas son una postura ante la vida y a la reflexión.
"Sé fiel hasta la muerte - dice el Señor - y te daré la corona de la vida" (Apocalipsis 2.10). San Juan nos traslada este buen consejo que tiene un gran premio para los que perseveran día tras día, insistiendo "a tiempo y a destiempo"; cayendo y levantándonos, poniéndonos en las manos del Señor de la gloria, que nunca jamás nos defraudará.
Situándonos en el mensaje de Fátima, en esta aparición de junio, contemplamos la actitud de Lucía ante la Virgen: "Quisiera pedirle que nos llevase al cielo". ¡¡Cuánto nos debe hacer pensar esta inclinación de una niña!! Es un pensamiento sobrenatural de los niños, que "ven más cerca a Dios". Pero Lucía no debe partir todavía hacia la Casa del Padre. Jesús quiere servirse de ella para dar a conocer a su Madre. "Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios", le dice Nuestra Señora.Para conmemorar esta segunda aparición de Fátima, nos reuniremos en la iglesia de San Juan Bautista (San Juan de la Rambla), el jueves 13 de junio, partiendo un autobús desde el parque García Sanabria, en Santa Cruz, a las 4 de la tarde.Ildefonso Armas
(Apostolado de Fátima)
En el crucero "Canarias" y en un buque de pasajeros español
Hubo dos recepciones paralelas, una a bordo del crucero "Canarias", la oficial en la que el comandante del buque invitaba a las autoridades griegas. La otra, "la extra oficial", fue a bordo de uno u otro de los dos buques de pasajeros españoles citados, en la que estaban monárquicos nostálgicos.
Pablo M. Hernández Sicilia
A.C.
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