EL PAPEL ES ALGO que se usa para el esencial medio de la comunicación escrita. Nadie lo pone en duda y no lo consulta en ningún otro medio de información.
Es verdad que ha sido un gran invento, porque gracias a él tenemos un gran legado histórico-cultural.
Para transmitir lo que sea, a través de la Prensa, es necesario su colaboración para llegar día a día a nuestras manos.
Apartando a un segundo plano su valiosa ayuda nos hallamos con "el papeleo", que constituye un curioso fenómeno por sus nefastas causas y contratiempos en la vida cotidiana. Es serio y real tal exteriorización en el ámbito administrativo y burocrático.
Pienso y siento la necesidad de recordar que muchos aman el papeleo, ya que sólo poseen el afán de estar con papeles de un sitio para otro, como si fuera su fiel compañía.
Poco a poco hay quienes se crean una situación crítica, aceptándola voluntariamente, y después están cubiertos de ellos hasta el cuello con apariencia de haberlo hecho por compromiso. No estamos obligados a asumir una situación de agobio, sino cuando sea el principal instrumento laboral.
En las tareas administrativas se podría apodar por Don Papelón, al igual que un actor de teatro, películas y telenovelas, a la persona implicada en tales menesteres. Y, por supuesto, nos imaginamos el guión de la "telecomedia" que, algunas veces, hemos imitado.
Cuando mencionamos los trámites burocráticos de cualquier gestión, exclamamos: ¿por qué? Debido al papeleo exigido para uso de unos entes, oficiales o no, regidos por burócratas.
Una vez realizado el papeleo comienza el funcionamiento del cronómetro lento y sistemático, como si fuera un cross.
¿De dónde crees que procede la abulia? De la desgana que se muestra en mejorar las condiciones procesales.
La falta de interés para creer que avanzamos hacia un futuro más esperanzador, de menos papeles y más práctico en los casos puntuales, nos obliga a ser apáticos y temerosos de una larga espera.
- Aquí yace en este papel/ lo que hace años yo firmé,/ por causa de tanto esperar/ me olvidé y me cansé. Amén.
Un epitafio como el presente se puede grapar en tantos papeles, que pertenecen a ese síndrome del papeleo y heredamos de las muchas carpetas que reposan en repletos armarios.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD