Santa Cruz de Tenerife

El OÍDO interno de Calatrava

El Auditorio de Tenerife tendrá su cara externa prácticamente terminada la próxima semana. A falta del hormigonado del ala, los trabajos se concentrarán a partir de ahora en el interior, donde el edificio cobra su verdadero sentido como recinto cultural.

PEDRO ALEMANY, S/C de Tenerife
15/mar/02 21:54 PM
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El Auditorio de Tenerife dispondrá, entre el lunes y el martes de la próxima semana, de la pieza que culmina la gran ala que cubre su estructura exterior. Casi culmina ahí la parte vista de la obra, la más conocida, aquella que ha podido seguir cualquiera que transite a diario por sus alrededores.

A partir de ahora, salvo que se tenga un inusual interés por los remates externos, habrá que escudriñar el interior del edificio para catar su verdadera esencia. En lo que queda escondido, como ocurre con el tímpano en lo más recóndito del oído, radica el verdadero sentido de la que ya es una de las obras más emblemáticas construidas hasta ahora en el Archipiélago.

Si hay una parte de la obra de Santiago Calatrava que reúna las características que salpican el resto del edificio, pocos dudarían de que se trata de la sala principal. Pese a la espectacularidad externa del edificio, es allí donde el equipo técnico ve la parte más compleja de la obra.

No es de extrañar si se tiene en cuenta que las paredes de dicha sala, que ahora se muestran vestidas de simple hormigón, deberán cubrirse en los próximos meses de una curiosa estructura. Sus piezas, que recuerdan a los gajos de una naranja, elevarán el sonido a 15 metros de altura. Tras su piel de yeso se esconderán infinidad de pasillos suspendidos para suministrar todo tipo de servicios.

Bajo su cubierta se esconde el elemento que centrará en un futuro las miradas de todos los aficionados a las artes: el escenario. Quizás por ello sea la parte interior del edificio que presenta ahora mismo un aspecto más acabado. Desde sus 42 metros de altura ya pueden verse suspendidas las 60 varas de las que colgarán sus primeros telones y paneles escénicos a partir del próximo octubre, fecha prevista para la inauguración del Auditorio de Tenerife.

Intimidad

El patio de butacas de la sala tiene capacidad para 1.668 personas, pese a que no se haya construido excesivamente larga buscando concentrar la fuerza sonora. En el otro extremo del edificio está la sala de cámara, una estancia válida para 400 espectadores y que albergará aquellos conciertos o representaciones que exijan unas condiciones sonoras más "íntimas".

Alrededor de ellas, varias cafeterías, salas de ensayo, cabinas de control de sonido, pasillos, camerinos, peluquerías, cuartos de maquillaje y espacios para el descanso prometen satisfacer por igual las exigencias de actores, músicos, técnicos, amantes del arte o simples curiosos.

La intercomunicación de todas las dependencias del inmueble, de la que es buena muestra el ancho pasillo que lo rodea a escasa altura, y detalles como que cada haz de luz del edificio haya sido rebotado a sus paredes y techos, invitan a pensar que el interior del Auditorio, una vez destapado al gran público, multiplicará el interés que ha despertado hasta ahora.

La próxima semana, con la culminación del ala, se inicia un proceso que sólo podrá darse por terminado tras el verano. El ruido de las obras dejará paso entonces a la música: su razón de ser.