"Después de tomar el jet - foil en Fuerteventura y tras un trayecto que fue como la seda, con la mar en calma y el tiempo estupendo, hicimos una parada para embarcar pasaje en el puerto de La Luz, en Las Palmas y emprender la travesía hacia Santa Cruz".
Así inicia Elena Cabrera, uno de los 102 pasajeros del jet - foil "Princesa Teguise", el relato de la particular odisea que vivió a bordo de la nave el pasado domingo.
El barco había partido a su hora, dejaba atrás el muelle grande de Las Palmas a una velocidad de 47 nudos, unos 80 kilómetros por hora, y viraba en La Isleta poniendo rumbo hacia Santa Cruz de Tenerife, su destino.
El perfil recortado de la costa de Gran Canaria quedaba aún a la vista. Tras sólo 10 minutos de travesía, los auxiliares comenzaron su rutina, repartiendo el habitual refrigerio. Algunos pasajeros se habían despojado del cinturón de seguridad cuando un tirón seco, un frenazo mortal, paralizó la nave. "Fue como golpearnos a una velocidad de 80 kilómetros por hora contra un muro", explica Elena.
El jet - foil, desde la altura de su vuelo, se desplomó impactando violentamente con la superficie: "Las personas que no estaban sujetas con el cinturón fueron catapultadas violentamente. Quienes continuábamos asegurados sentimos un tirón bestial, el impacto durísimo de la caída del barco y el bombardeo de objetos", comenta.
El panorama era dantesco: caras ensangrentadas, gritos de horror y dolor... La radiografía del pánico dibujada en los rostros: "Una madre que llevaba a su hijita sobre el regazo a punto estuvo de aplastarla; una señora mayor, gruesa y corpulenta, se lamentaba amargamente de las fracturas abiertas que sufría en ambos tobillos".
El suelo aparecía sembrado de múltiples objetos, parte del techo se había desprendido y las mamparas traseras de la cabina estaban sueltas. Bajo el casco, el brazo - ala de la turbina golpeaba una y otra vez sobre la estructura, que vibraba amenazadoramente. Se temía el naufragio.
"Pedimos asistencia médica, pero la tripulación no contaba con un facultativo. Ni siquiera existía un botiquín básico". Los pasajeros capaces de mantener un atisbo de serenidad se dedicaron a tranquilizar a quienes no paraban de chillar de pánico, mientras los heridos gritaban de dolor. Quienes sangraban fueron auxiliados con servilletas para detener las hemorragias".
Elena revivió las imágenes de "Titanic", la famosa película, pero de protagonista directa.
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