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El Tenerife emborrona su historia

El penoso equipo de Mel bajó los brazos y dejó que un Barcelona vulgar se paseara ante la indignación colectiva de la afición blanquiazul.

3/feb/02 13:59
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VENTURA GONZÁLEZ, S/C de Tenerife

No se podía esperar que el peor Barcelona nos dejara esta mancha histórica. Un equipo que pierde 0 - 6 tiene que compartir las culpas. No se escapa nadie, pero unos son más culpables que otros. El primero, el entrenador, que ha estado jugando con fuego toda la temporada. No sabe lo que tiene entre manos y a estos niveles cualquier día le podía pasar lo de ayer.

El Tenerife no estudia los partidos, juega a lo que salga, no tiene sistema ni método ni estilo. Es un grupo de jugadores que cuando se unen en torno a sus conocimientos básicos salvan la cara. Ayer Mel tuvo la ocurrencia de dejar jugar al Barcelona, además de tratar de contrarrestar la velocidad de sus delanteros y de sus bandas tirando el fuera de juego. El Tenerife encajó un gol ridículo (Puyol, 0 - 1) y siguió viendo jugar al Barcelona, que tenía tanto miedo que alineó tres centrales (5 - 3 - 2). Al técnico no se le ocurrió otra cosa que ir a buscar a Xavi con Bino, con lo que desajustó el eje del equipo e hizo que uno de los centrales saliera a buscar a Rivaldo entre líneas. El Tenerife no presionó y tampoco impidió que ellos movieran la pelota a placer. Los azulgrana jugaron a lo ancho, haciendo cambios de orientación, creando superioridad en las bandas, abrieron tanto el terreno de juego que siempre consiguieron romper por la izquierda. Llegó el 0 - 2 en plena impotencia de un Tenerife que descubre la banda derecha por tendencia natural de Bassedas hacia el centro y que perdió capacidad para crear en la zona clave del terreno con la ausencia de Iván Ania.

Mancharon la camiseta

Cuando en el descanso entró Jaime en lugar de Bino, como único remedio para tamaño desbarajuste, pareció que el Tenerife se lo jugaba todo a la tremenda, a correr más y no mejor, a animarse, a suplir todo lo que tácticamente le falta con garra. El 0 - 3 llegó enseguida y el equipo se hundió. Esa fase, hasta el final del partido, es lo más grave de la noche, porque casi todos hicieron dejación de sus deberes profesionales, se entregaron, bajaron los brazos y desampararon a los cuatro de atrás, que tuvieron el orgullo de correr lo indecible hasta ser humillados por un Barcelona muy cómodo, que jugó a placer mientras caían los cuatro goles de Kluivert y el estadio se convertía en una ola a presión, pidiendo la dimisión del presidente y del entrenador.

Mel sacó a Antonio para jugar en la derecha, puso a Iván Ania con 0 - 4 y no tuvo la valentía de levantarse y salir de su banquillo, donde pasó escondido toda la segunda parte.

El Barcelona, que ganó caminando, no pasa de ser un equipo con dudas, unido en torno a la necesidad que tenían, pero con mucho miedo, hasta que encontró el camino abierto hacia la goleada. Rexach, que habrá recordado anoche en la bravuconada de Mel cuando dijo que el Tenerife era un equipo y el Barcelona once jugadores, nunca olvidará este partido, que fue como un regalo divino para él...

La goleada es la consecuencia de la ineptitud y del abandono de no pocos jugadores sobre el campo. Una vergüenza.

LA CLAVE
Tocó fondo

El entrenador del Tenerife hizo el ridículo ayer, como sus jugadores, pero a diferencia de aquellos, que sufrieron sobre el campo, éste se escondió en el banquillo después del 0 - 3. Todos son culpables de la derrota, pero este entrenador es el responsable del desastre.

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