EL PORTAVOZ PRESIDENCIAL, Ari Fleischer, se vio obligado ayer a precisar que las menciones de Iraq, Irán y Norcorea como tres peligrosas amenazas para los Estados Unidos no significan la inminencia de operaciones militares sobre sus territorios. El colega en el Departamento de Estado, Richard Boucher, hizo lo propio y hasta se permitió decir - ¡ah la larga mano de Colin Powell! - que Washington está dispuesto a hablar en cualquier sitio y en cualquier momento con coreanos e iraníes. Adicionalmente, da una pista: con Iraq, ni hablar siquiera. Saddam Hussein es, directamente, la cabeza visible de lo que el mensaje presidencial del martes llamó el eje diábolico. Las reacciones de los interesados han sido rápidas, enojadas y beligerantes, pero a efectos de análisis interesan más las de otras latitudes (Moscú y Pekín han hecho consideraciones corteses pero muy firmes contra toda posibilidad de recurrir a medios militares) y las de los medios que, fuera de los Estados Unidos, están siendo más bien refractarios, cuando no críticos. La versión norteamericana es que el Irán está dotándose de armas atómicas, pero el programa nuclear iraní, con su florón, la central de Buschir, construida con asistencia rusa, está íntegramente bajo la inspección regular de la Agencia Internacional de Energía Atómica, con sede en Viena... algo que Israel rehúsa tranquilamente.
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