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Ir al ?ndice de CriteriosDomingo, 30
diciembre 2001

LO QUE ES Enrique Gonz?lez

Los premios


ENTRE MIS MUCHOS y variados amigos tengo uno muy especial. No hay un amigo igual a otro, como no hay un hombre igual a otro. Hay distintos amigos para circunstancias diferentes. Hay amigos para cada uno de los prop?sitos y cada una de las edades de la vida. Hay amigos del trabajo y del ocio. Amigos de la ni?ez, de la juventud y de la edad adulta. Quiz? no exista la amistad total, de igual modo que no existe la felicidad total. La amistad exige mucho del amigo y, como nadie es perfecto, hay que conformarse con poco. Tampoco podemos ofrecer m?s de lo que tenemos. La prueba m?s importante de la amistad es la sinceridad. Si la sinceridad se fractura, la amistad se rompe. Los defectos, por variados y grandes que sean, no importan si la sinceridad se mantiene intacta. La amistad, como el mejor diamante, no admite fisuras.

El amigo al que me refiero me conquist? en el ?rea intelectual, y se ha afincado firmemente en el terreno sentimental. A?n es joven, si por joven se entiende que est? en la edad de prosperar y de alcanzar grandes metas. Es alba?il y carpintero. Electricista y pintor. De salud rebosante. De humor alegre. De inteligencia, bien dotado. Sincero e ingenuo. Da a los dem?s todo lo que tiene dentro. Es tan joven y sencillo que a?n no ha perdido la confianza en la gente. Cree en la honradez y en la palabra, en el honor y el respeto. Todav?a vive en la ignorancia inmaculada de su para?so terrenal. Con las ilusiones intactas, mantiene la fe despreocupada de la juventud, sin hundirse en el escepticismo e incredulidad de la reflexiva madurez.

Naci? y creci? en la pobreza. De peque?o tuvo que ayudar a sus padres. Cant? misa para ganar unas pesetas. Jug? al f?tbol, creo que bien. Estudi? con becas. Su talento le permiti? estudios superiores. Actualmente es profesor. Empapado de una inmensa cultura, conocedor de la palabra y sus accidentes, y sabedor de las causas que ocurren a las palabras para formar una frase, es un gram?tico en su amplio sentido, un homo grammaticus. Pero, pese a ser un gran fil?logo, no tiene en cuenta la c?lebre sentencia de Montaigne: "Muchos de los malentendidos de este mundo son causados por cuestiones de gram?tica".

Si pensamos claramente, hablamos claramente y entendemos claramente, esto es gram?tica, no hay nada que nos altere. Toda alteraci?n surge de un malentendido gramatical. Mi amigo ha sido v?ctima de un malentendido gramatical, por culpa de unos que no piensan con claridad, no hablan con claridad y no entienden con claridad. De los agram?ticos, que no saben la verdadera gram?tica. Y resulta que mi amigo dedica las horas libres al desgraciado y desagradecido oficio de poeta. Y en verdad que lo hace muy bien. Aunque no tiene figura de poeta, ni es extravagante ni usa algo fuera de lo com?n. Ni es flaco ni t?sico, ni loco ni neur?tico. Hasta se corta el pelo regularmente. Es un hombre normal que, sin buscarla, lleva dentro de su mente la inexplicable condici?n de poeta. Su poes?a ni empalaga ni resulta cursi. Ni recurre a estrellas parlantes, ni roc?os llorosos ni corazones palpitados. Est? hecha con materiales corrientes de la vida diaria. Con el pensamiento, el lenguaje y el entendimiento de todos los d?as. Con palabras sencillas obtiene met?foras sorprendentes. Y quiz? por su vocaci?n musical truncada encuentra en las palabras los sonidos r?tmicos y justos para hacer vibrar las cuerdas m?s sutiles de los sentimientos m?s sutiles. Su poes?a sale de un alma ara?ada por la pobreza y el sufrimiento. Pero su alma, aun lacerada, conserva intacto el n?cleo espiritual, sin excretar una pizca de malicia. S?lo segrega comprensi?n y afecto.

Y he aqu? que mi amigo se presenta a un concurso. Seg?n los entendidos, sus poemas son magn?ficos. Cuando todo estaba a su favor, un giro inexplicable, no atribuible al contenido y forma de su texto, relacionado con los defectos gramaticales, pensamiento, expresi?n y entendimiento del jurado, y las influencias pol?ticas de las instituciones, han dejado a mi amigo sin el premio. ?Y qu? es un premio? Un premio es una estupidez. Las personas no valen por los premios, y menos a?n por estos premios politizados y manipulados, donde las plicas dejan de ser secretas y los miembros del jurado no act?an libremente y en justicia.

Y, como mi amigo es un tipo formidable, yo le aconsejo que siga en su empe?o, que busque una ?nica y gran meta. Que haga como el capit?n Ahab, el de Moby Dick, que no repare en lerdas marsopas ni en vulgares ballenas de Groenlandia, que dirija su esfuerzo en busca de la gran Ballena Blanca, la ?nica que inmortaliza. Y que lo haga con los instrumentos de navegaci?n intelectual, de los que est? bien dotado. Los grandes hombres han conseguido grandes cosas en las soledades oce?nicas y en las grandes tormentas. Nunca se han visto favorecidos por el halago de ef?meras brisas costeras ni atra?dos por falsas sirenas. Hasta Ulises se enfrent? a la furia de los dioses. En ?taca estaba su objetivo. Levanta el ?nimo, amigo. Los grandes escritores vieron que sus mejores obras eran rechazadas por los cr?ticos y por los editores. Los premios dados no son nada, s?lo importa el premio propio: la satisfacci?n personal.

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