EFE, S/C de TenerifeLa moción de censura vivida en el Parlamento de Canarias los días 6 y 7 de noviembre tuvo un resultado paradójico, porque el censurante, el socialista Juan Carlos Alemán, salió reforzado en su partido, que lo respaldó unánimemente pese a haber sido derrotado en la Cámara Autonómica.
Además, el presidente del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez, pese a ser el objeto de la moción, también mantuvo el tipo, porque consiguió acallar enfrentamientos internos en el nacionalismo y reunió el apoyo sin fisuras de los dos grupos que apoyan al Ejecutivo, CC y el PP, pese a que a muchos populares el cuerpo les pedía votar junto a los socialistas.
La moción de censura fue adelantada desde finales de septiembre por el secretario general del PSC, Juan Carlos Alemán, cuando advirtió de que utilizaría todos los medios reglamentarios si Rodríguez no sacaba a su Gobierno de la parálisis.
Esa parálisis, a juicio del PSC, se debía a que el presidente tenía que dedicar más tiempo a los conflictos internos de CC y el Gobierno que a resolver los problemas de los ciudadanos.
Elevar el listón
Como para dar la razón al PSC, el consejero de Política Territorial, Fernando González, decidió llevar hasta el final sus denuncias del "caso Jinámar" y sin consultar con el presidente ni otros miembros del Gobierno, envió el asunto a la Fiscalía Anticorrupción, incluidas acusaciones de malversación contra su antecesor, el popular Tomás Van de Walle.
El PSC elevó entonces el listón y pasó de pedir a Román Rodríguez que actuara a reclamarle que dimitiera. Con esa demanda en el ambiente, a finales de octubre se celebró el debate sobre el estado de la nacionalidad.
En él, Román Rodríguez hizo un prolijo repaso de su gestión para demostrar que el Gobierno funcionaba y retó a Juan Carlos Alemán a que presentara una moción de censura.
El líder socialista recogió el guante y la presentó al momento, envolviéndola en un discurso de regeneración democrática y moral ante las continuas crisis y "perversiones democráticas" que atribuyó al Ejecutivo.
Consciente de sus nulas posibilidades de éxito, en los días siguientes Alemán buscó transmitir sus planteamientos a la sociedad por todos los medios, y centró su mensaje en la limpieza de sus motivos, desmarcándose de la concepción de la política como "operación de poder" para acceder al Gobierno a toda costa.
Cierre de filas en CC
Para contrarrestar ese mensaje, CC cerró filas y su presidente, Paulino Rivero, atacó a los socialistas por su irresponsabilidad al lanzar acusaciones falsas de corrupción a diestro y siniestro, sólo para obtener pingües beneficios políticos en su obsesión por ganar cuotas de poder, aunque sea tomándolo "al asalto".
Pese a que los populares escucharon desde el principio llamadas a apoyar la moción desde fuera del partido el PP de Canarias dejó claro que su responsabilidad era mantener los pactos con Coalición Canaria.
Alemán expuso en la tarde del 6 de noviembre un programa en el que anunciaba, además de una "regeneración ética" para superar un Gobierno "agitado y roto", una política austera en altos cargos y coches oficiales, un aumento de la inversión y una reforma electoral.
Desde la tribuna, Román Rodríguez descalificó el programa alternativo presentado, negó que hubiera corrupción entre los miembros del Ejecutivo y retó a Alemán a que señalara con el dedo a un solo consejero corrupto, pero el socialista no lo hizo.