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Ir al ?ndice de VivirMartes, 6
noviembre 2001

Felipe Fern?ndez Garc?a *

Entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios



SIENTO DESEOS de continuar, aunque sea muy breve y parcialmente, alguna reflexi?n sobre la Iglesia. Una reflexi?n gratuita, pero sentida. Que pueda ayudar a quienes se sienten Iglesia y, quiz?, pueda ayudar algo a quienes nos miran desde fuera.

El t?tulo de mi art?culo de hoy, despu?s del que publiqu? en este peri?dico: "Nos aprietan pero no nos aplastan", recoge unas palabras textuales de San Agust?n. Antol?gicas, como tantas suyas. Citadas por el Vaticano II en un precioso p?rrafo que no me resigno a no transcribir entero: "La Iglesia ?va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios?, anunciando la cruz de Se?or hasta que venga (Cf. 1Cor 11,26). Est? fortalecida, con la virtud del Se?or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos" (LG 8).

La Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo... No le faltan persecuciones a la Iglesia. Nunca le han faltado ni le faltar?n, aqu? o all?, en un momento o en otro, de un modo o de otro. Persecuciones burdas, como fue el caso, por ejemplo, de los reg?menes comunistas, o muy sutiles, como puede ser el caso, incluso entre nosotros, de poderosos medios de comunicaci?n social que, queriendo imponer un modo determinado de pensar a todos, se sienten siempre a disgusto con una instancia religiosa y moral que se les resiste, que es aut?noma, libre e insobornable. No le faltan persecuciones a la Iglesia. Y a veces se nota muy claramente...

Pero la Iglesia va peregrinando no s?lo entre las persecuciones del mundo, sino tambi?n entre "los consuelos de Dios", la riqueza de Dios, la alegr?a y el gozo de Dios. No es f?cil que lo entiendan quienes no han conocido a Dios y no saben "a qu? sabe Dios", seg?n una expresi?n llamativa de San Juan de ?vila. Pero conviene que lo sepan. Hay unos consuelos de Dios que est?n muy por encima de cualquier otro consuelo o cualquier otro gozo...

"Entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios", esta Iglesia peregrina contin?a "anunciando la cruz del Se?or, hasta que vuelva", es decir, contin?a anunciando el misterio de Cristo, el que muri? por nosotros en la cruz, el Resucitado.

?Con qu? fuerzas cuenta la Iglesia para llevar a cabo esta misi?n y perseverar entre tantas dificultades? El texto del Concilio Vaticano II nos ilumina certeramente: "Est? fortalecida con la virtud del Se?or Resucitado"... Con el Esp?ritu Santo del Resucitado, podr?amos traducir tambi?n. La Iglesia siente en su seno la presencia de Alguien que la sobrepasa y la mantiene. La presencia de Dios uno y trino, la presidencia de Dios Padre, la presencia de Cristo Resucitado, la presencia de su Esp?ritu... Est? aqu? la clave secreta de la libertad, la resistencia, la fortaleza de la Iglesia. Todo viene del Se?or, si la Iglesia se abre a ?l y se deja guiar por ?l.

Con esta fuerza est? cualificada la Iglesia para triunfar "con paciencia y caridad" - dos palabras que no debi?ramos olvidar los que somos miembros de la Iglesia - de dos tipos de "aflicciones y dificultades" dignas de notarse: "tanto internas como externas".

Muchas veces me ha hecho pensar - y rezar - esa categor?a de las "aflicciones y dificultades internas", que nosotros mismos, los miembros de la Iglesia, podemos causar a la Iglesia. Con nuestros fallos, nuestros pecados, nuestras cr?ticas... No puedo extenderme, pero no me resisto a transmitir unas palabras de un gran te?logo del Concilio, H. de Lubac, hablando de tantos cristianos que "sin haber hecho nada grande, sin haber pensado ni sufrido, sin ni siquiera tomarse el tiempo para reflexionar", se convierten, escribe ?l, "en acusadores de su Madre y de sus hermanos". "Muchas veces, al o?rles, se me ocurre pensar: ?Cu?nto m?s derecho tendr?a la Iglesia de avergonzarse de ellos!".

Pero tampoco le faltan a la Iglesia "aflicciones y dificultades externas". Nunca debi?ramos olvidarlo. Para no sorprendernos. Para no extra?arnos. Para revisarnos, si se nos acusa con fundamento o se nos hace sufrir con fundamento. Pero, igualmente, para no arredrarnos, si se nos juzga o violenta injustamente, y volver siempre a nuestra fuente: la virtud del Se?or Resucitado, la presencia de Dios, los consuelos de Dios, el aliento de su Esp?ritu.

Una nota me queda por subrayar: la Iglesia est? fortalecida para triunfar, dice el texto, "y revelar al mundo su misterio - el de Cristo - , aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos".

La Iglesia, desde su pobreza, su debilidad, sus aflicciones, es una se?al que nos habla de Cristo y nos revela el misterio de Cristo, aunque sea todav?a entre penumbras, sin disipar todas las sombras, pero con suficiente claridad para quien quiera descubrir que el dedo de Dios est? aqu?.

"Entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios", escribi? San Agust?n. "Entre aflicciones y dificultades, tanto internas como externas", dice el Concilio Vaticano II, pero fortalecida por la virtud del Se?or Resucitado para triunfar y revelar...

Son pautas que ayudan a comprender y a vivir el misterio de la Iglesia. A cooperar con ella en el desarrollo de su misi?n. Con la fuerza de su Esp?ritu...

* Obispo de Tenerife

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