|
![]() ![]() |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
EL MOLINO DE MONTE PUEBLO Para Myriam, mi amiga de los años mozos, verdadera alma máter de El Molino. NADIE podría negarlo. El Molino de Monte Pueblo, en la Villa de Mazo, fue una original fundación de polifacético quehacer que arranca de 1850 cuando su iniciador Don Isidoro Ortega fundó el molino que había de dar nombre a una institución más que centenaria, que gozó de popularidad y pujanza y las sigue teniendo hoy, con las transformaciones naturales que impone el paso de los años. Don Isidoro fue un enamorado de los molinos de viento, cuando éstos no eran sólo un bello elemento decorativo del paisaje, sino una maquinaria indispensable en la vida de nuestros pueblos, donde se hacían la harina y el gofio, indispensables elementos vitales. Y en este campo de los molinos, fue Don Isidoro Ortega un auténtico adelantado, que inventó y fabricó piezas, e impuso nuevos procedimientos mecánicos, revolucionando los sistemas hasta entonces en uso y creando prototipos, que se impusieron por su eficacia dentro y fuera de la Isla. Con la única excepción de El Hierro, en todas las Islas montó molinos el señor Ortega. Molinos que aún hoy, aunque ya no hagan gofio porque las nuevas técnicas impusieron otros métodos, siguen, sin embargo, moviendo sus elegantes aspas al viento, alegrando muchos parajes de nuestras Islas con su singular belleza. Hija de Don Isidoro fue Doña Pía Ortega Yanes, heredera del mítico molino y de los terrenos y casas que lo rodeaban. En el año 1887 Doña Pía casó con otro personaje de leyenda: Don Fernando Cabrera de León, hijo de Don Antonio Cabrera, secretario del Ayuntamiento de Breña Baja, de donde quizá le vinieron sus aficiones y especiales dotes administrativas al joven Fernando, que andando el tiempo desempeñaría la secretaría municipal de Mazo, destacando siempre por su extraordinaria competencia. En otras ocasiones trabajó en asuntos relacionados con las contribuciones, llevó contabilidades o teneduría de libros como entonces se decía, interviniendo como consejero en auditorías de cuentas de importantes casas de La Palma, donde se le llamaba por su extendida fama de hombre serio y prudente, consultándosele, como buen «abogado de secano», su opinión en delicados asuntos de herencias, valoraciones o particiones. Ya muy mayor, que fue cuando yo tuve la oportunidad de tratarlo, todavía se reclamaba su presencia en algunos Ayuntamientos donde «se les trababa el paraguas», para que Don Fernando fuera a «destrabarlo». Poseía Don Fernando una personalidad característica, alto, delgado y derecho - alguien dijo en cierta ocasión, viéndolo sentado, que daba la impresión de haberse tragado un sable - siempre encorbatado, con sombrero y fino bastón, palabra breve y sentenciosa, grave y solemne en el decir. Tenía, sin embargo, su sentido del humor, pero sin que ello implicase gesto risueño por su parte. De vez en cuando, soltaba una ocurrencia graciosa, que hacía reír a todos mientras él permanecía impávido, como si no fuera cosa suya. A todos respetaba y se hacía respetar de todos. Don Fernando fue pródigo en descendencia. De su matrimonio con Doña Pía tuvo diez hijos, de ellos ocho varones, de los que sólo se casaron Fernando, Veremundo y Nicolás, los dos primeros fallecieron en Cuba y el último formó parte del clan de El Molino en su condición de mecánico, junto a Teodomiro en su taller de zapatería, Erundino en la carpintería, Germán como panadero y molinero y las dos hermanas, Petronila y Amparo, que como ángeles tutelares los cuidaron a todos hasta el final de sus días. Aquel singular complejo de oficios y actividades diversas tenía hasta fundición, donde hacían determinadas piezas, y en su recinto figuraba una tienda de comestibles. El tiempo, que no perdona, fue barriendo paulatinamente con todo, desaparecieron uno tras otro aquellos artesanos, a quienes traté mucho, y quedó sola la figura enhiesta y elegante, expresiva y emblemática, del molino, con sus aspas heridas y cansadas de tanto girar. Pero el espíritu creador e inteligente de Don Isidoro y Don Fernando sigue planeando sobre el lugar, animando y estimulando a los actuales descendientes continuadores de su obra: Myriam, Vina y Ramón. Hoy, El Molino es el taller de reproducción de cerámica aborigen más importante del Archipiélago, y en su entorno existen casa de turismo rural, tienda de artesanía y hasta un estudio de arquitectura, de una bisnieta del fundador, nuestra buena amiga Vinita. Y presidiéndolo todo la casa de Myriam, espíritu inquieto, organizador e inteligente, Hija Predilecta de la Villa y muchas cosas más, que no decimos para que no se enfade cuando nos lea. Así pues, con las transformaciones que imponen el paso de los años y el cambio de circunstancias, El Molino sigue siendo referente cultural y cuna de inquietudes formativas, como en los viejos tiempos de Don Isidoro Ortega y Don Fernando Cabrera. MIGUEL HERNÁNDEZ
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
CRITERIOS | AGENDA | SANTA CRUZ CAPITAL | TENERIFE | LA LAGUNA | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|