Desde el momento en que se tuvo que adaptar la caja escénica a las nuevas exigencias de uso, la obra de Santiago Calatrava perdió su carácter más singular y el que define por antonomasia a su creador, la curva, dando cabida así al único elemento vertical que existe en todo el edificio.
Precisamente será el montaje del cono de generatriz curva donde se instala la sala principal, el elemento que marcará el acabado del Auditorio. Así lo reconocía a EL DÍA Enrique Amigó, quien explicaba que ese cono «todavía no se ha empezado. Tiene una forma complejísima, con unas ventanas que se mueven para que la acústica se adapte o bien a la música sinfónica o bien a la ópera. Montarla va a representar una de las verdadera dificultades que supone la construcción del edificio, porque va a exigir una enorme precisión».
Admitía el arquitecto que «el montaje en el interior de la sala resultará bastante difícil y agotará la mayor parte del tiempo y del esfuerzo hasta la finalización de la obra». Está previsto que el cono sea revestido «de un material que no es estructural. Entre este elemento y el hormigón quedará un volumen enorme donde se podrá circular y que podrá ser dedicado a instalaciones técnicas».