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Las cosas del destino El Tenerife-Real Madrid de veteranos que se juega el domingo invita a recordar algunas gestas
Santa Cruz de Tenerife Jornada Deportiva/Acan Fueron dos caprichos del calendario. Un guiño del destino. Y, sobre todo, un ejercicio duplicado de gallardía. Ocurrió en los meses de junio de 1992 y 1993. Por dos veces consecutivas, el Real Madrid perdió la Liga en Tenerife. O lo que es lo mismo, por dos temporadas seguidas una victoria albiazul sobre el equipo blanco en la última fecha del torneo concedió el campeonato al FC Barcelona. Aquellos dos partidos sacudieron la Isla y pusieron al CD Tenerife en el epicentro de la España futbolística. El prólogo de la primera liga que el Real Madrid perdió en el Heliodoro respondió a una meritoria historia de superación con un principio dramático. A ocho fechas del cierre de la campaña 91-92, Jorge Solari dio "un paso al costado". El descenso acechaba al equipo albiazul, que venía de una racha desastrosa. En medio de ese panorama tan poco alentador, se produjo el fichaje de Jorge Valdano, un neófito del banquillo. La llegada del ex jugador madridista supuso un cambio muy brusco. Su tándem con Cappa propuso un giro radical. Planteó de entrada la defensa en zona y el achique de espacios y, sobre todo, tocó a la puerta del orgullo de aquellos futbolistas. Y alcanzó su primer gran objetivo con un empate a uno en El Molinón que garantizaba la ansiada permanencia. Sin embargo, el calendario aún depararía al Tenerife una última jornada en la que, por caprichos del calendario, ejercería de juez de la Liga. El Real Madrid mantenía un punto de ventaja sobre el Barça y tenía que ganar en el Heliodoro. Aquel duelo levantó una expectación inusitada. Un complejo sistema de seguridad acompañó al desarrollo del partido, aunque ni eso pudo evitar que el medio millar hinchas de Ultra Sur que se desplazó hasta el Heliodoro sembrara la barbarie en los alrededores del estadio. El Real Madrid encarriló el partido en la primera media hora. Los goles de Hierro y Hagi barruntaban el alirón blanco. Por el camino, Agustín tuvo que abandonar el campo por una lesión en el hombro, de manera que las sospechas de tongo se multiplicaron. Sin embargo, un gesto de clase de Quique Estebaranz marcaría un antes y un después en el encuentro. Él firmó uno de sus goles característicos, agarró la pelota en la media cancha y sembró el camino de un reguero de defensas descinturados para hacer el 1-2. La posterior expulsión de Villarroya y el acoso de los albiazules acabó por descentrar al equipo de Benhakker. Llegó el 2-2 y unos minutos después, una esperpéntica cesión de Sanchís desde el medio campo puso en apuros a Buyo, que, lejos de quitarse el peligro de encima, dejó la pelota en franquicia para que Pier rematara el partido (3-2). Las 22 mil gargantas isleñas y las más de cien mil del "Nou Camp" estallaron de júbilo. Aquel final de Liga tuvo otras consecuencias. Para empezar, el Tenerife no sólo había sido el juez de la Liga, sino que por el camino se había salvado del descenso acaparando la atención de mucha gente. "Atraímos miradas y una especie de simpatía estética", recuerda Valdano en su libro. La otra huella que dejó el desenlace de la temporada 91-92 tuvo que ver con la confesión que Toño y Manolo Hierro realizarían en el programa "El Larguero" cuatro meses después, en la que reconocían haber cobrado una prima de origen desconocido por haber ganado al Real Madrid aquella tarde. La Federación Española llamó a declarar a ambos jugadores, pero nunca se probó nada. La primera pérdida de papeles del Madrid en la Isla le costó el puesto a Benhakker, pero el destino preparó otra encerrona a su relevo en el banquillo, que no fue Valdano pese a los intentos de Mendoza. Sólo un año después de aquello, el Real Madrid de Benito Floro volvía a encontrarse en la misma situación. Era la última jornada y necesitaba una victoria para ganar el campeonato. Esta vez había algo distinto. El Tenerife jugaba por la UEFA. La metamorfosis apuntada con la llegada de Valdano un año atrás había seguido su curso hasta convertir al equipo blanquiazul en un aspirante a Europa. Y el partido no tuvo tanta historia, porque el Tenerife se encargó de que no la hubiera. Los goles de Dertycia y Chano antes del descanso concedieron el triunfo al equipo tinerfeño, que por segundo año consecutivo le arrebataba la Liga al Madrid para regalársela al Barça. Aquel Tenerife había crecido tanto que podía permitirse el lujo de tratar de tú a todo un candidato al título. Por si quedaba alguna duda, el Tenerife acabaría refrendando su superioridad sobre el Real Madrid en el transcurso de la temporada 93-94. Lo haría en una eliminatoria de cuartos de final de la Copa del Rey y calló muchas bocas, las de aquellos que habían justificado en los arbitrajes las dos Ligas que el equipo blanco había perdido en el Heliodoro. El grupo de Jorge Valdano derrotó al Real de Floro por 2-1 en el partido de ida disputado en la Isla y luego reafirmó su estado de gracia en el Santiago Bernabéu con un atrevido y descarado 0-3. El repaso fue tal que en los últimos minutos el equipo tinerfeño pareció quitar a propósito el pie del acelerador. Fue entonces cuando Valdano pronunció la célebre frase de que algún día le devolvería al Madrid lo que le había quitado.
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