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FOTOGRAFÍA El Círculo de Bellas Artes acoge la obra de uno de los grandes artistas del siglo XX Christer Strömholm explora en ochenta imágenes la realidad secreta de Europa SANTA CRUZ DE TENERIFE (REDACCIÓN). «Estoy preparado para ser un mero espectador y mostrarme receptivo ante la realidad con la que me cruzo». Son palabras del gran fotógrafo sueco Christer Strömholm, cuya obra puede contemplarse hasta el próximo domingo en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz. La soledad de la infancia, la faceta teatral de la prostitución o la visión desoladora de una España sumida en la represión y el atraso seculares son algunos de los aspectos que explora la cámara de Strömholm, del cual se reúnen cerca de ochenta instantáneas tomadas en diversos países europeos y datadas en el período comprendido entre 1948 y 1969. Organizada en colaboración con la Fundación La Caixa, la muestra permite contemplar la etapa central de un artista escandinavo que ha inscrito su nombre en la nómina de grandes fotógrafos del pasado siglo. Vinculado al existencialismo, Strömholm difumina la frontera entre belleza y fealdad. Ninguna de sus imágenes puede ser juzgada en un determinado sentido estético, ya que participa de esa ambivalencia que también se encuentra en la vida. En ningún caso el autor quiere embellecer la realidad ni presentarla bajo una luz favorable; al contrario, elige los motivos que la moral dominante considera «bajos». La diferencia con otros modernos fotógrafos consiste en que el creador sueco no busca la fealdad para que el espectador se complazca en ella, sino que la presenta con una intención marcadamente reflexiva y sensual, casi como un equívoco bajo el cual late un escondido sufrimiento. Buena parte de la selección de fotografías que acoge la exposición es inédita y procede del Hasselblad Center de Göteborg. De entre ellas, la mayoría fue realizada por Strömholm en España durante los viajes que realizó a finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta. Por un lado, retrata a las prostitutas de Palma y Barcelona, solicitadas en cafés, acompañadas de sus madres e hijos bajo el umbral de sus casas o dialogando con marineros, en unas imágenes que se hallan - estética y emotivamente - próximas a la película de Jacques Demy «Lola». Cuando se adentra en la llamada «España profunda», la cámara escoge determinados detalles que, tomados en conjunto, proporcionan el retrato de una época y de un país: el tricornio y las gafas negras de un guardia civil a la puerta de un coso; las medias de un torero o el hábito de un prelado durante una procesión. Pese a la crítica que estas imágenes llevan implícitas, prevalece el respeto por los modelos, vistos como partes de la realidad, no como «materiales» artísticos. «Para hacer estas fotografías - dejo escrito el autor - hay que estar interesado en la gente. Quiero tener una buena relación con la persona y, por tanto, tengo que demostrarle un respeto». Críticos y espectadores de la obra de Strömholm coinciden en que hay un misterioso trasfondo detrás de cada impresión que el autor extrae de la realidad, vista como un enigma irresoluble.
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