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SEDES, URNAS CONDICIONADAS COMO siempre, el editorial de EL DÍA del 12 de agosto, pone el dedo en la llaga sobre el equilibrio en la distribución de la gobernabilidad de nuestro Archipiélago. Las sedes de los centros de decisión son asuntos que adquieren la importancia debida, después de llegar a los acuerdos previos entre las fuerzas políticas que obtuvieron el favor del electorado para gobernar. Los repartos burocráticos sabemos que no han resuelto nunca los diferendos. Pues siempre ha prevalecido la importancia de mi ombligo, aunque no sea el más bello, no deja que los demás ombligos sean en el que debamos fijar los intereses de todos. Las urnas condicionadas son la piedra de tranca de la realidad política de Canarias. Discusiones parlamentarias maratonianas. Revisiones al estatuto exhaustivas en busca del equilibrio colectivo de la sociedad canaria. Todo queda en meros repartos burocráticos locales, entre grupúsculos enguerrillados, que recuerdan el comportamiento de la raza canina, alias perros. Éstos, como todos sabemos, «perro no come perro, pero se huelen el culo». Por lo tanto, sacrifican la convivencia política y social, por el fin de mantener sus prebendas. Prebendas que con un sistema como muy bien destaca este editorial, si fuesen obtenidas en comicios mediante listas electorales abiertas, las personas que obtuvieran el favor de electorado estarían supervisados por sus votantes y tendrían que cumplir los objetivos para los cuales fueron electos. Se destaca la falta de ecuanimidad en todas las negociaciones. Lógico que la ecuanimidad no sea la base de las posiciones de las parcialidades en discusión. El objetivo es el bien de todos, pues sería para la ciudadanía que los elige en primer término. El objetivo se cambia por la fortaleza en el poder del grupo que se representa. Es el responder al clan que le incluyó en una lista, por lo tanto, la visión de país, de región, está mediatizada por los intereses del grupo y luego los personales, y en aras de mantenerse en el puesto se tolera todo lo tolerable y el ciudadano, que se supone es la piedra angular del sistema, pues es el que decide mediante el voto teóricamente, no es importante sino hasta las próximas elecciones. En definitiva no representa a la ciudadanía en nada, pues el sistema de listas cerradas descalifica su representatividad. Pero el tinglado, mas bien maraña legal en que han encuadrado todo el sistema electoral en nuestras Islas, no permite que la representatividad haga que la gobernabilidad tenga una base ecuánime entre los diferentes intereses en una Isla con relación con las otras. El editorial señala los inexorables perjuicios de Nivaria. Señores, estoy de acuerdo en que se cometen verdaderos atentados en contra de los intereses de una Isla en beneficio de las otras. Pero ¿no creen que es ya hora de enmendar los atropellos cometidos con el 50% de la población canaria? La que ha provisto a esa masa de políticos de secano, jugadores de envite, de los medios para hacer política con las necesidades de los canarios de Venezuela. Lo más simpático es que creen que están haciendo algo importante, pues pretenden desarrollar políticas con la varita de medir en las Islas, y no han captado que esa varita no tiene la capacidad de medir en esta parte del mundo, la Canarias exterior, que produce para las otras Islas, pero que no consume. Pretenden captar nuestro voto por medio de políticos de tercera, a los cuales no se les puede culpar, pues «la culpa no la tiene el ciego sino quien le proporciona el palo». Y quienes les habilitan para moverse entre nosotros son los que pretenden los votos de esta gran masa, sin poner las cartas sobre la mesa con proyectos reales y no esa pantomima de unas pólizas de seguros, o la construcción de centros de acogida para la tercera edad, que nunca llegan a ponerse a funcionar. Fue grande la sorpresa del Sr. Perestelo, a quien se considera un hombre honesto, al comprobar en vivo una obra fantásticamente terminada, pero que no funciona. Como el que tiene un tío en La Habana, que no tiene tío ni tiene nada. Así, por la falta de comunicación con la verdadera colectividad canaria de Venezuela, se llevan a cabo obras sin prever su utilización verdadera. La época en que no teníamos voto por impedimento de las leyes venezolanas ya pasó. Ya no se puede seguir la política de algunos alcaldes, que venían antes de las elecciones, se reunían en los Centros Sociales Canarios con los vecinos de sus municipios, sacaban de su maletín el material electoral; los vecinos, en medio de unos wiskis y unas buenas parrilladas, rellenaban las boletas de votación. El Sr. alcalde las metía en su maletín. En el momento del escrutinio, sacaba sus 700 o mil votos y así no había forma de que no ganara una y otra vez la Alcaldía de su villa. Conclusión: ¿Qué piensa nuestro Parlamento con esta circunscripción que es la Octava Isla? Creemos que no será seguir en la Manguangua. e-mail: tacoront*telcel.net.ve JULIÁN A. HERNÁNDEZ
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