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SANTA CRUZ Según declara el psicólogo - sexólogo Eloy Rodríguez Valdés, experto en la materia «Las sectas destructivas son un auténtico peligro social de proporciones ilimitadas»
SANTA CRUZ DE TENERIFE. «Las sectas destructivas no son un derecho constitucional, porque constituyen y cometen continuamente delitos por sus acciones y comportamientos, sino un auténtico peligro social de proporciones ilimitadas», manifestó a EL DÍA el psícólogo - sexólogo Eloy Rodríguez Valdés. Según el especialista, estos grupos, amparados en la libertad de expresión, «utilizan la libertad religiosa para destruir la personalidad, las emociones, los sentimientos, la capacidad de juicio y raciocinio, el ámbito familiar, social, de pareja, sexual, de trabajo, etc, de la persona que es captada». Eloy Rodríguez señala que las sectas desctructivas son «auténticas máquinas de hacer dinero que se enmascaran bajo una fachada mayormente religiosa, socio - cultural, de supuesta rehabilitación de toxicómanos, pero que ello no les importa lo más mínimo, lo único que realmente les importa y que justifica su existencia es el dinero. Muchas de ellas son auténticas multinacionales del alma, es decir, del engaño, de la estafa y de la manipulación y coerción mental». Lavado de cerebro Según señala el psicólogo, a las sectas destructivas no se les cuestiona ni su doctrina, dogma, creencias ni ritos. «Los que sí se cuestiona - añade - y se denuncia, es el lavado de cerebro que hacen, la forma de captación, la explotación y tratamiento que hacen con sus adeptos, las condiciones de vida dentro del grupo sectario, la manipulación mental y emocional realizada a los adeptos, la explotación económica, la separación y ruptura con su entorno social, familiar y de pareja». Eloy Rodríguez afirma que las sectas destructivas constituyen un peligro social por su penetración en todo el tejido social, ya que se han introducido en todas las capas y estados de la sociedad. Precisamente por su comportamiento y dinámica delictiva, muchas de las sectas destructivas han sido expulsadas de bastantes países, declaradas ilegales, o bien prohibida su entrada en otros tantos. Entre ellas figura la Iglesia de la Cienciología; Ananda Marga, expulsada de la India por asesinatos. En 1971, el líder de la secta y cuatro adeptos fueron encarcelados en el mencionado país por el asesinato de seis ex miembros que se oponían a la secta. En 1975 se decretó la total expulsión de Ananda Marga, debido a una serie de asesinatos producidos por miembros de dicho grupo. Posteriormente, más de 1.500 adeptos fueron encarcelados. En 1982, cinco monjes - adeptos de la secta fueron quemados vivos y doce más apaleados hasta la muerte por una multitud de gente encolerizada que les acusaba de raptar niños. Otra de las sectas, legalizada en España y declarada ilegal en Singapur, según el psicólogo, son los Testigos de Jehová. En Argentina fueron prohibidos varias veces y en Bulgaria se les permite con ciertas condiciones. Asimismo, el Instituto Lingüístico de Verano fue expulsado de Brasil, Colombia, México y Ecuador, mientras que Tradición, Familia, Propiedad (T.F.P.) fue expulsada de Venezuela. Otra secta prohibida es la Iglesia de la Unificación (Moon). Problema de salud pública Según declaró a EL DÍA Eloy Rodríguez, las sectas destructivas representan un auténtico problema de salud pública, tanto a nivel psicológico como físico. Muchos adeptos presentan daño psicológico, consumo de sustancias tóxicas o estupefacientes, cansancio, estrés, falta de sueño, alteraciones hormonales, como amenorrea, etc. Asimismo, existe la aparición de cuadros clínicos tales como esquizofrenia, paranoide esquizofrénica y neurosis, entre otras enfermedades mentales, con influencia nefasta de la secta destructiva en la salud psíquica de sus adeptos, según el psicólogo. «Está el ejemplo de los hospitales psiquiátricos de Salud Mental de Australia referente a los Testigos de Jehová», añadió. Eloy Rodríguez afirma que para frenar o acabar con este peligro social hay que aplicarle a las sectas destructivas el Código Penal, al igual que se aplica al resto de los ciudadanos. «No hace falta cambiarlo ni crear uno nuevo - dice - sino simplemente aplicar el actual. Tampoco es necesario, y sería totalmente contraproducente y negativo, crear un observatorio sobre las sectas. Y menor aún, prohibir a estos grupos. La gente debe denunciar sin miedo a estas sectas cuando cometen algún delito. Igualmente se debería divulgar el fenómeno sectario en colegios e institutos, pero objetivamente y sin sensacionalismos y, por supuesto, por profesionales, no por oportunistas». Antonio Bernal
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