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Editorial Leoncio Rodríguez S.A.

DOMINGO, 05 DE AGOSTO DE 2001


LA REALIDAD


HONORIS CAUSA


A veces se tiene la idea de que las cosas suceden tal y como pensamos, es decir, que los hechos se producen de acuerdo a la idea que tenemos de ellos; pero no siempre es así. Por ejemplo, estamos convencidos de que, individualmente, somos personas educadas y correctas o buenos profesionales, cuando la realidad es que tenemos las virtudes y defectos típicos de todo ser humano. Como colectivo, y dependiendo de cuál sea el que tomemos de referencia (el profesional, el social, el político, entre otros), la valoración se supeditará a las características de cada uno de ellos, que pueden ser diferentes aunque seamos los mismos individuos integrándolos.

La autoconsideración es aplicable a la propia región o al país en su conjunto. Como Comunidad, los canarios tenemos la idea de que en la Península se acuerdan poco de nosotros, cosa que puede ser correcta en el ámbito social, ya que no pintamos casi nada en el panorama nacional; pero no así en el turístico, gracias a que las Islas Canarias constituyen uno de los destinos favoritos de muchos turistas españoles y extranjeros.

Desde el ámbito nacional, el español tenía - hasta hace bien poco - cierto complejo de inferioridad respecto de los demás europeos. El aislamiento de la época de Franco, que no se cumplió tan sólo para algunos pocos afortunados que salían de España con frecuencia, nos convirtió a la mayoría en seres apocados con escasos recursos intelectuales y dialécticos, frente a los habitantes de los países del entorno europeo.

Pero poco después, los mismos que se esforzaron en exportar una imagen de España basada en la pandereta y en el jolgorio permanente para explotar el mercado turístico, hoy están convencidos de que éste es un país pujante y de los más avanzados del mundo en todos los sentidos.

Probablemente, y como reza el dicho, todo depende del cristal con el que se mire. Sin embargo, aun reconociendo que este país ha mejorado mucho, queda un gran trecho para que la realidad coincida con la idea que tenemos de nosotros mismos.

Es cierto que la batalla contra el analfabetismo se va ganando, que las mujeres se han ido incorporando al mundo laboral, que la tecnología está cada vez más presente en nuestra vida personal y profesional, que vivimos en un país democrático o que viajamos más, pero también lo es que entre los ciudadanos españoles no reina el espíritu de equipo ni de colaboración en lo socio - laboral que ha convertido a otros países en líderes mundiales.

La tendencia a comparar es lógica y muchos de quienes han viajado al extranjero lo hacen incluso sin querer: empezando por los aeropuertos, los taxis o la puntualidad de las guaguas, y terminando por cómo les atienden en algunos lugares. De estas comparaciones se concluye que en España hay buenos aeropuertos, demasiados taxis, el transporte público es insuficiente, los camareros en general no son tan profesionales como debieran y en los museos no se atiende casi nada al visitante. Estos son sólo algunos ejemplos, porque podríamos seguir con la seguridad ciudadana, el cuidado de los parques o las facilidades que se dan a los minusválidos para moverse tanto en vehículos como en las calles, o cualquier otra circunstancia que se nos pueda ocurrir de la vida cotidiana.

La consecución de una mejora en la calidad de vida para los individuos y los colectivos cuesta en España verdaderos sacrificios. Basta con contemplar la calidad de los servicios que se prestan en muchos sectores, lo que podremos hacer casi todos porque o bien estamos de vacaciones o tendremos ocasión de hacer uso de establecimientos en este mes de agosto. Los canarios somos una colectividad dedicada al turismo, comemos y respiramos en ella, aunque por él se esté deteriorando irremediablemente el medio ambiente en honor al supuesto crecimiento económico regional. La generalidad de los trabajadores se limita a cumplir su trabajo sin poner en él ni empeño ni gusto por hacerlo bien, y mucho menos el deseo de agradar o de ayudar a nadie.

Probablemente, la apreciación que tenemos de nosotros como canarios es que estamos situados en un lugar privilegiado del listón al compararnos con los demás, pero la realidad es que tenemos aún mucho por hacer para llegar donde creemos que estamos. Otro ejemplo: el presidente del Gobierno canario va a Cuba para ayudar en la mejora de la industria turística de aquel país, cuando lo que tendría que preocuparle más es que el paro crece en esta Comunidad y que la industria turística propia necesita de mucha atención y mejora. Es decir, que se preocupe por arreglar su casa antes de prestarse a arreglar la ajena.

Para lograr que la realidad cruda y dura coincida con la idea que tenemos de ella, siempre más dulcificada y compasiva, faltan grandes dosis de autoanálisis y deseos de mejorar, pero no por parte de algunos, sino de todos. Y el colectivo social está compuesto por agricultores, empleados del turismo, políticos, ingenieros, personas en la lista del paro, sanitarios o maestros; en definitiva, por todos nosotros. Cuando compartamos la idea de mejora social y sepamos cuál es la dirección que hay que seguir en la convivencia, sobre todo cuando veamos a la persona que tenemos al lado como alguien a quien demostrar la propia calidad humana, aunque sea con un simple «buenos días», entonces, sólo entonces, habremos iniciado el camino de convertir en realidad lo que creemos que ya somos. hcausa*yahoo.es


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