LA noticia pasó poco menos que inadvertida el miércoles: un cierto número de bases militares norteamericanas en Europa y parte de sus efectivos humanos, principalmente en Alemania, fueron puestos en estado de alerta... Una muchedumbre se acercó amenazadoramente a la embajada de los Estados Unidos en Skopje gritando consignas anti-americanas.
Los manifestantes, macedonios eslavo-nacionalistas, se ocuparon también de otros símbolos de la presencia genéricamente occidental, pero asociaban sin más matices OTAN y Estados Unidos y tenían a este dúo por responsable de lo que sucedía: la guerrilla albanesa, que, supuestamente, observaba una tregua mientras se negocia un acuerdo político global, atacaba en Tétovo, tomaba nuevas posiciones en la crucial carretera hacia Kosovo y obligaba al éxodo a las familias eslavas.
Es cierto que desde el lunes la UCK perdió toda inhibición y volvió a tomar la iniciativa sobre el terreno. Hubo muertos, heridos y refugiados. La llegada a la capital, Skopje, de caravanas de amigos y parientes obligados a dejar sus aldeas excitó los ánimos y obligó de hecho al gobierno (una mezcla de pragmáticos y duros) a amenazar con recurrir, sin más, a una guerra total para derrotar la insurgencia albanesa.
El fantasma de la guerra civil recorrió de nuevo el país y la OTAN, con su representante regional, Pieter Feith, se puso en marcha y forzó un acuerdo que, en la versión atlántica es entre la guerrilla y el gobierno y, según el gobierno, entre la OTAN y los terroristas. Visiblemente, el gobierno Trajkovski no quería aparecer de nuevo ante la opinión eslava como firmante de un nuevo acuerdo tras el fracaso de los anteriores.
Se puede creer que es, más bien, una imposición atlántica. Y está funcionando: ayer se retiraban hacia sus posiciones anteriores al alto el fuego del 5 de julio los alzados en armas bajo cobertura de la OTAN y bajo comprobación de observadores civiles de la OSCE (Organización para la Seguridad y Coopeeración en Europa).
Al esfuerzo de Feith, un notable defensor de la diplomacia fuerte, musuculosa, se unieron ayer los visitantes asiduos de alto rango, casi ya convecinos: Javier Solana (UE) y George Robertson (secretario general de la OTAN). Han desmentido que Occidente favorezca a la guerrilla y repetido que sólo trabajan por la estabilidad democrática y la integridad territorial de Macedonia. ¿Les creerá el gobierno macedonio?