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A PROPÓSITO DEL CENTENARIO DEL HOSPITALITO RECUERDO EMOCIONADO PARA UNA GRAN DAMA: GERTRUDIS SEGOVIA DE GUIGOU PRÓXIMO a cumplirse el primer centenario del «Hospitalito de Niños» Fundación doctor Guigou, para el que nos consta, la Sociedad Canaria de Pediatría, con la Fundación Canaria Hospitales del Cabildo de Tenerife y Excmo. Ayuntamiento tinerfeño, preparan con todo cariño una serie de actos conmemorativos, publicaciones, conferencias y concierto amén de un sin fin de actos - todos brillantísimos - , con motivo de tan importante evento, que marcara toda una época, y que ha permanecido vigente en varias generaciones de santacruceros que a sus inicios se volcaron en dicha empresa - durante muchísimos años ejemplar - y para la que colaboraban desinteresadamente todos los tinerfeños sin excepción; bueno es recordar, también, la figura entrañable de Gertrudis Segovia Álvarez de Guigou, dama de rancio abolengo aristocrático, que llegara a Tenerife muy joven en unión de su padre, el conde de Casa Segovia, quien desempeñara en dos ocasiones el Gobierno Civil de la provincia. Poseía doña Gertrudis Segovia de Guigou una vasta cultura, brillante escritora e inspirada poetisa, que colaboraba en diarios y revistas de las Islas con trabajos literarios muy notables. Formó parte de la Junta de Damas del Hospitalito de Niños y como su esposo realizó una labor plena de perseverancia y cariño en favor de tan benemérita institución a la que consagraron ambos sus mayores desvelos y cuidados. A sus dotes caritativas, se unía lo exquisito y afable de su trato, rodeado de la mayor sencillez y distinción, en el seno de la sociedad tinerfeña, donde dejaría un imborrable recuerdo. Sirvan de ejemplo estas frases que, con fecha 16 de enero de 1924, dejara escrito en el álbum de firmas de una distinguida señorita de la sociedad tinerfeña, Mª Isabel Bragge Landa, y que dicen así: «Tenerife. En tiempo muy remoto, ya pasado, parte fue de un inmenso continente esta tierra que el cielo ha engalanado con derroches de luz y de colores, fértiles campos y suave ambiente. El mar enamorado de sus valles, sus riscos y sus flores, por acercarse más se irguió potente y ciego de pasión, con su zarpazo la separó del rico continente para estrecharla con eterno abrazo». Y dos días antes, su esposo, don Diego Guigou, en el mismo «Álbum y para la misma señorita, dejaría para la posteridad estas sentidas frases, igualmente de bellas y que no nos resistimos de insertar para nuestros amables lectores de EL DÍA. «El amor que une a dos seres hasta entonces extraños, obedece a una atracción, a un impulso más o menos irresistible, pero absolutamente involuntario. El amor de los padres a los hijos nace del instinto providencial, y si se ahonda más y más cada día fortalecido por la necesidad, por la razón y por el deber. El amor de los hijos a los padres se inicia por un inconsciente egoísmo que evoluciona después hacia la gratitud y se consolida también por la razón y por el deber. Felices los hijos como María Isabel, que así se llamaba esta distinguida señorita, poseedora de tan bello «Álbum» - que nos prestó un día, hace muchísimos años, en su casa de La Laguna - que, entendiéndolo así, logran convertir el amor filial en una hermosa virtud». Doña Gertrudis Segovia de Guigou, q.H.g. a quien tributamos este pequeño, pero sincero homenaje de admiración, en el primer centenario del «Hospitalito de Niños», Fundación Guigou, estaba adornada de altas virtudes y beneméritas obras que la distinguieron y edificaron en su humana misión. ALFONSO MORALES Y MORALES
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