«Hay que distinguir, no obstante, que la globalización es una situación de hecho y el neoliberalismo una ideología», diferenció el director de Zenit. «La globalización, además, es ante todo un proceso, que comienza tras la crisis del petróleo de los años 70 y que aún está en sus inicios. Todos los indicios apuntan a que dicho proceso ya es imparable, pero no como una calamidad, sino con un esencial elemento humano, en el que los agentes protagonistas del fenómeno tendrán que jugar un papel fundamental».
El ponente aseveró también que «cuando un sistema económico no se adecua a la dignidad del hombre, al final no funciona, como se ha demostrado con el capitalismo salvaje o el marxismo». «La globalización podría crear nuevas revoluciones demográficas o migratorias, y en el interés de quienes quieren ser protagonistas de la globalización está el responder a esas incógnitas», añadió.
«Se habla siempre de globalización económica, pero existe también la de carácter político y cultural, en las que los Estados pierden su soberanía y se uniformizan los patrones, con el referente del modelo americano». Por ello, significó el conferenciante, «el diálogo entre culturas, manteniendo cada una la libertad y la identidad de sus raíces u orígenes, constituye el auténtico reto, e indudablemente existe en el hombre una fuerza que le lleva a la comunión, a crear una gran familia humana, por lo que hay que encarar ese acercamiento como un desafío y no como un problema», explicó.
Aun así, y paralelamente, el fenómeno lleva aparejados otros valores negativos, «como la superficialización de la cultura, en la que se pierde la razón de ser de las cosas, de crear cultura y folclore, de saber divertirse», exponiendo como ejemplo la llamada «cultura del McDonald».
Colina Díez no olvidó resaltar el papel de las nuevas tecnologías en este proceso, «del que Internet es un factor fundamental». «El problema es que se confunde la información con el conocimiento. Uno puede estar informado y tener conocimiento del entorno a través de los periódicos, y acceder a la vez a una información inútil, como la denominada "rosa", que no mejora los conocimientos sobre el entorno, sino que más bien los resta».