SANTA CRUZ El periodista guimarero pronunció en la tarde - noche de ayer el pregón inaugural de las Fiestas de Mayo Bethencourt plantea cómo resolver el futuro de esta Capital «¿En qué sentido debemos desarrollar nuestra ciudad?» «¿A qué debemos dedicar nuestro escaso suelo para encontrar oportunidades de prosperidad?» «Tenemos lo que muchos desearían. (...) Un puerto que está preparando su humanización»
SANTA CRUZ DE TENERIFE (REDACCIÓN). El periodista Jorge Bethencourt pronunció en la tarde - noche de ayer en el Ayuntamiento capitalino - «en el salón de plenos donde, como periodista, di testimonio escrito de la primera Corporación democrática» - el pregón inaugural de las Fiestas de Mayo, acto al que asistieron, entre otras autoridades, el alcalde Miguel Zerolo; el vicepresidente del Gobierno Canario, Adán Martín, y su homólogo por el Cabildo de Tenerife, Lorenzo Dorta. El pregonero no dudó en asegurar que «Santa Cruz es una ciudad privilegiada», para desgranar a continuación los motivos que le hacen concluir esta máxima: «Tenemos lo que muchos desearían. Poseemos, intacto, un mar maravilloso que lame nuestras costas. Un puerto que está preparando su humanización, su transformación en una plataforma integrada en la ciudad de la que forma parte indisoluble, para que los ciudadanos de la Capital puedan, como antaño, pasear sus soledades o compañías por el salitre. (...) Tenemos un litoral que debemos construir y reconstruir para descubrirnos como ciudad marítima». Jorge Bethencourt, un güimarero que se afincó en la Capital chicharrera cuando tenía diez años, evitó abordar la historia de la Ciudad y centró su alocución en los hechos más recientes, con un análisis actual sobre el papel que ocupa Santa Cruz en la provincia y Canarias.
Primeras palabras de Zerolo
En sus alusiones al pasado más inmediato, en medio de «reflexiones inquietantes sobre este Santa Cruz que hoy se viste de cruces floristas y fiestas tradicionales», Bethencourt trajo al recuerdo de los presentes una anécdota que protagonizó el entonces teniente de alcalde de la primera corporación democrática Miguel Zerolo. «Sucedió en unas fiestas del barrio de Los Campitos, a las que había acudido en nombre del alcalde Manuel Hermoso para coronar a la reina. Y tanto agobio le vino encima que, a la hora de la verdad puso la consabida diadema sobre el complejo peinado de la señorita elegida y pronunció en el micrófono, ante un silencio que se podía cortar con un cuchillo, sus primeras palabras en público: "En nombre de la reina te corono alcalde". En honor a los vecinos hay que decir que los aplausos superaron las risas y en honor al señor Zerolo que su capacidad discursiva ha mejorado de forma muy notable».
Antes de que el pregonero definiera a «Santa Cruz como una ciudad privilegiada», Bethencourt evocó sus primeras imágenes de la capital: «Explanadas de tierras y casuchas que guarnecían Cabo Llanos, los restos del Santa Cruz primigenio, de la primera ciudad: cuatro piedras de una leprosería que daba testimonio de la Muy Benéfica Santa Cruz a la que no doblegaron ni las epidemias ni los almirantes ingleses; la ermita de Regla; los restos de banderines de papel de las fiestas de San Telmo que empezaban el mayo santacrucero (...). Mis recuerdos son de la vieja Plaza de La Candelaria con sus cafés, los solares del recreativo, del moderno hotel Mencey, la bolsa de aguas al aire libre en la Plaza de Weyler, un mercado natural de pipas y acciones (...). El viejo campo del Don Pelayo, hoy solar de nuevos edificios, el paseo junto al mar que hoy es la dársena de Los Llanos, las viejas ramblas. (...) Es posible que nos haya transformado un poco el bosque de semáforos que sustituyó aquellos policías de casco blanco que dirigían la escasa circulación (...) pero a Santa Cruz, a la capital, le siguen distinguiendo las mismas virtudes y los mimos defectos que en aquellos tiempos».
Bethencourt aseguró que «la mejor manera de ver Santa Cruz es a través de los ojos de quienes nos visitan. Ellos son capaces de sorprenderse con lo que a nosotros nos parece natural y cotidiano». También abundó en uno de los retos de esta ciudad: «La vida de este Santa Cruz ha estado marcada, además de por su geografía, por el ser Capital: por el querer ser y por el ser capital. (...) Santa Cruz ha sido la puerta de entrada del desarrollo de la Isla». Fue en este momento cuando el pregonero elogió «el gran acierto del primer alcalde de la etapa democrática, Manuel Hermoso, al comprender que la Capital era no sólo el centro sino también los barrios».
Retos del futuro
Antes de concluir, afrontó la «encrucijada» a la que se enfrenta Santa Cruz tras la consecución de algunos objetivos como la expansión al Sur, el cambio de Tres de Mayo, la creación de un nuevo sistema de ramblas como el de la avenida de Príncipes de España o la protección de edificios singulares.
De cara al futuro, Bethencourt se preguntó «¿en qué actividades económicas trabajarán nuestro hijos y nuestros nietos?» tras la llegada de las grandes superficies; «¿en qué sentido debemos desarrollar nuestra ciudad, a qué debemos dedicar nuestro escaso suelo para encontrar oportunidades de prosperidad? Santa Cruz para vivir, vale, pero, ¿de qué?».