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VIERNES, 27 DE ABRIL DE 2001 |
VANGUARDIA La obra multimedia será escenificada a las 21 horas en el espacio El Tanque
Concha Jerez y José Iges presentan hoy «Música de circo para una catedral»
SANTA CRUZ DE TENERIFE (REDACCIÓN). Diversas disciplinas pasadas por el tamiz de la tecnología electrónica confluyen en «Música de circo para una catedral», espectáculo multimedia que hoy, viernes, y mañana, sábado, se escenificará en el espacio cultural El Tanque de la Capital tinerfeña. Las audiciones comenzarán a las nueve de la noche y tendrán entrada gratuita. La singular idea, presentada ayer en el Cabildo, tiene como directores a Concha Jerez, responsable de la realización de vídeo, y José Iges, coordinador del grupo Ars Acústica de la UER (Unión Europea de Radiodifusión), a cuyo cargo está la difusión y la mezcla sonora. La música es el punto de encuentro de los diferentes lenguajes y recursos expresivos que Jerez e Iges articulan con ayuda de un equipo en el que destaca la voz de Belma Martín, la percusión de Pilar Subirá y el tratamiento electrónico de las realidades sonoras, por Pedro López. Un conjunto de actores, cámaras, trombones tenores y trompetas completan el elenco artístico de esta obra producida por Javier Ruiz. Según sus directores, el montaje conjuga «un cierto carácter festivo», propio del circo, con «la naturaleza catedralicia» de un espacio «profano, industrial», caracterizado por el «gigantesco tiempo de reverberación que lo define acústicamente». «Como en toda catedral - señalan sus autores - , se "oficiaría" aquí una cierta ceremonia de transmutación de símbolos, lo que supone en cierto sentido su transgresión: así con la ayuda de la tecnología electrónica, un gesto se multiplica o se divide, mostrando sus correspondencia y su poliédrica naturaleza». La reverberación de El Tanque permite a sus intérpretes «una superposición brumosa de músicas, una "música de músicas"». Frente a ese proceso de solapamiento, también hay momentos para músicas aisladas, pues «en el decurso de la obra se valora tanto el silencio como la veloz proliferación de sonidos».En síntesis, «Música de circo para catedral» se ofrece, según sus autores, como un «drama de tiempos y espacios» transfigurados.
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