Naranjo Ojeda aseveró que «también se han realizado estudios que avalan que la seguridad es una necesidad humana, casi tan básica como puedan serlo comer y dormir, por lo que una situación de inseguridad contribuiría también a generar problemas de violencia».
Por lo que respecta a la contemplación continuada de violencia en el entorno social y mediático más próximo al individuo, el psicólogo indica que «tales exposiciones prolongadas pueden conducir a que el individuo entre en un estado perceptivo de "frialdad" a la hora de evaluarla, llegando a considerar la violencia como algo totalmente normal». La única «vacuna», insiste, contra estas actitudes estriba en dos aspectos: «Por un lado la educación, desde la más tierna infancia, incluyendo un acompañamiento por parte de padres y educadores que excluya las conductas agresivas, ya que éstas se aprenden - asegura - , y, por otro, acudir a la responsabilidad individual de cada ser humano, y tomar conciencia de que si un comportamiento genera paz y armonía, siendo modelo de diálogo y respeto, los mismos valores generará en su entorno». Con esto, poco a poco, «familias de paz unidas a otras familias de paz podrían ir constituyendo una sociedad de paz», objetivo que, a pesar de reconocer su carácter utópico, cree posible desde el convencimiento de que «nadie está ajeno a la violencia, ni respecto al agresor ni respecto a la víctima».