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LA LAGUNA

JUEVES, 26 DE ABRIL DE 2001


JORNADAS Nicomedes Naranjo, ponente en el X Congreso «Diálogo Fe - Cultura» con una disertación sobre violencia
«Si no se corrige desde la infancia, la agresividad se convierte en fanatismo»

LA LAGUNA (REDACCIÓN). El debate sobre la violencia en la sociedad actual parece abrir cada día nuevos e insospechados frentes. La búsqueda del coto a esta oscura cara del alma humana, omnipresente en los medios de comunicación como crónica cotidiana que despierta la alarma y el morbo sociales a partes iguales constituye, desde siempre, uno de los pilares fundamentales de la discusión de filósofos, psicólogos y juristas.

Sobre «Cómo salir de la violencia sin caer en su espiral» habló ayer, durante el X Congreso «Diálogo Fe - Cultura», que se desarrolla desde el lunes en el Centro de Estudios Teológicos (CET) bajo el lema «Un mundo para todos», Nicomedes Naranjo Ojeda, psicólogo clínico, escritor y ex presidente del Colegio Oficial de Psicólogos.

Naranjo explicó a EL DÍA que, efectivamente, «la violencia es algo de lo que todos conversan en tertulias, cafeterías o esquinas, cuando se trata de un tema más complejo de lo que parece. Para empezar, cada uno de nosotros ha venido a este mundo con una buena dosis de respuesta agresiva, en cierto modo útil en momentos en que prima la supervivencia. Lo que sucede es que si esa agresividad inicial no se corrige desde la educación y los modelos sociales y políticos, dicha actitud se convierte en fanatismo y terror».

Sobre el germen de la violencia, el experto apuntó que éste «se encuentra en el propio individuo, que puede presentar una personalidad predispuesta a este tipo de actitudes. Puede estar también en algunos modos de la educación en la familia, relacionados incluso con su nivel de vida, y en la escuela, ya que, también allí, los educadores tienen su particular modo de valorar la violencia y la paz. Las normas que rigen todas esas instituciones y la sociedad en general, más la visión de la agresividad que presenta el cine y la televisión de una forma casi continuada ofrecen, por su parte, un buen caldo de cultivo para la violencia real», añade.

El psicólogo clínico opinó además sobre noticias recientes, que integraría en su ponencia, como la polémica generada en torno a la Ley del Menor, «que no acoge una franja de edades en que también se delinque, enfatizando que hasta los catorce años los delitos "no tienen mayor envergadura", y que los padres y educadores pueden hacerse cargo del menor, lo que resulta extraño, cuando es evidente que hasta el momento de la comisión del delito no han podido». «Las administraciones públicas también tienen responsabilidad a la hora de diseñar planes, programas y currículum de manera que no favorezcan la aparición de las conductas violentas», dijo el experto, para quien «cuando la violencia ocurre, cada uno de nosotros debe hacer una reflexión interior y sentir que está siendo llamado a poner de su parte para que la violencia no siga adelante. Hemos de preguntarnos qué estamos haciendo para, dentro de nuestro entorno, contribuir a una educación en la que primen la armonía, el respeto a las diferencias, la paz y la concordia», aseveró.

Variar modelos

Nicomedes Naranjo reconoce que, aun partiendo de esa reflexión individual, variar los modelos sociales es extremadamente difícil. «Existen estudios sobre la violencia en medios empobrecidos referidos a las pocas posibilidades que las familias sin recursos tienen para afrontar la enseñanza de modelos de respeto a sus hijos, aunque es cierto que en los niveles de alto orden económico y social existen mayores probabilidades de ocultar los malos tratos, todos ellos datos a no olvidar, ya que demuestran que la violencia no es cuestión necesariamente relacionada con clases sociales», argumentó, para finalizar, el ex presidente del Colegio Oficial de Psicólogos, quien intervino en el Congreso a las 11:00 horas.



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