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DOMINGO, 25 DE MARZO DE 2001 |
LO TENEMOS CRUDO
ALEJANDRO DE BERNARDO
UN bar lleno. Un televisor pantalla gigante. Un informativo de cualquier cadena. La noticia de un atentado mortal de ETA. Silencio, emoción, conmoción. Minutos, segundos después, noticias deportivas, durante un cuarto de hora como mínimo. Un programa de concurso, un magazine de cotilleo, unos vídeos musicales, el Gran Hermano, anuncios. Vuelve el jolgorio a la barra, risas, comentarios, lo malo ya pasó. Este es el día después de una asesinato como el que ha ocurrido en Lasarte, al ladito de San Sebastián. En otro bar, o en el mismo bar, se seguirá con la rutina. Estas noticias cada vez acaparan menos la atención. Nos estamos acostumbrando. ¿Qué hay entre la trágica noticia y el discurso de que la vida sigue como si nada? Nada. La nada, sí, porque la vida del muerto ya es nada, salvo recuerdo y angustia para los suyos, y la vida de los vivos, pendientes de cosas estúpidas, también es nada. La nada más pavorosa, el desarme total. En el macabro paisaje del crimen sólo una imagen se presenta diáfana. La imagen de la víctima, destrozada, callada y dormida sobre un charco de sangre, aunque sea dentro de un bar. La de los asesinos está nublada. Una sombra cubierta por un pasamontañas, unas manos aferradas a un volante, una huida al son de derrapes por calles tristes. El perfil de los asesinos sólo se muestra tal como es cuando son detenidos. Pero hay más y peor. Entierran por televisión al muerto del atentado. Aplausos al féretro en la pantalla. Pero también hay aplausos para una víctima de los malos tratos domésticos, para la niña de 15 años violada y machacada, para los recién llegados a Gran Hermano. Aplausos para todos, venga. Tenemos, sí, tenemos - aunque estemos a dos mil kilómetros - un grave problema con ETA, pero también lo tenemos con nosotros mismos. Nuestra sociedad está desabastecida de causas, de principios, de valores, de resortes, de fundamentos, de cultura, de calidades. ¿Qué ganó el justiciero fundamentalista matando al edil socialista? ¿Podrá dormir tranquilo? - Pues... qué quieren que les diga, quien es capaz de semejante brutalidad, no se encuentra la conciencia ni con microscopio. Lo tenemos crudo. ¿No han oído a más de un político nacionalista, en plena campaña electoral? ¿Cómo se les queda el cuerpo cuando, tras el discurso, uno sale con la impresión de que no sabe la diferencia entre víctimas y verdugos? Yo creo que nos tienen por tontos de capirote. Y no sé si no lo seremos realmente. O mejor dicho, ojalá lo fuéramos, estaríamos exentos de responsabilidad. Cómo pueden dar las encuestas que el PNV va a subir de votos. Dios mío... ¿Pueden tener los vascos la idea de que el PNV ha hecho lo que ha podido para acabar con el terrorismo tras tantos años gobernando? El problema de muchos vascos no nacionalistas es que todavía no saben que son nacionalistas. Quizás de ahí venga esa hipocresía social, esa claudicación ante los que han reconocido serlo.Hablan de un nacionalismo democrático; yo, y lo digo con cautela y en absoluta serenidad, por más que lo intento no descubro sino matices xenófobos, étnicos, depredadores en definitiva de las libertades y disidencias personales. A ver si todos, los de aquí y los de allí, nos aplicamos el cuento y destapamos a tanto lobo con piel de cordero. Una cosa es el problema policial, ETA, y otra el problema político. Ni los mezclen ni los confundan, por favor. Es un ruego sentido, en un día, por desgracia, cada vez más normal.
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