LO explican, sin rodeos, los diccionarios. Consultemos sólo dos. Indica el de María Moliner que el pelotazo es el enriquecimiento fácil y rápido conseguido con operaciones puramente especulativas. De la misma voz dice el de M. Seco, Andrés y Ramos: «ganancia rápida de dinero. Generalmente en la construcción». Y las frases ligadas al vocablo, de uso frecuente en el habla española del último decenio, contienen significados despreciativos. De poca limpieza.
Estos días, los diputados socialistas Alcaraz y Fajardo denunciaban un nuevo escándalo. Calificaban de pelotazo al proceso privatizador de la CCB, titular de los palacios de congresos de Adeje y Maspalomas. Ciertos empresarios habrían pagado 1.300 millones de pesetas por el 51% de un patrimonio en el que las arcas canarias lleva invertidos 10 mil millones de pts. Aproximadamente.
En la transacción estarían implicados «los mismos actores que en el denominado caso Tindaya»; entre ellos, Olarte y J.C. Francisco, exconsejeros del Gobierno, y el aún miembro del Ejecutivo J.C. Becerra. Éste, avalado por la CC y el PP, ha negado cualquier tipo de irregularidad. Para sus señorías, en cambio, la única duda es conocer la lista íntegra de los beneficiarios del pelotazo.