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LA OROTAVA La revista «El Pajar», que edita la Asociación Día de las Tradiciones Canarias, ha sacado su octavo número Los oficios tradicionales, un bien para preservar Molinos, tonelería, telares, pastoreo y canteras de tosca son algunos de los temas que desarrolla SANTA CRUZ DE TENERIFE (REDACCIÓN). Los molinos de La Orotava, la tonelería, los telares de Lanzarote, el pastoreo en La Palma, el Centro Museístico Pinolere, las canteras de tosca, los almendreros de Tejeda y la casa pajiza herreña son algunos de los contenidos del nuevo número de la revista «El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria» que edita la Asociación Cultural Día de las Tradiciones Canarias de La Orotava. Con una tirada de mil ejemplares los responsables se plantearon, en el número ocho de la revista, que tras la organización de las jornadas celebradas en mayo de 2000 en el Parque Etnográfico Pinolere donde se abordó el complicado tema de los oficios tradicionales se debía asumir la idea de que son una herencia encerrada en el medio rural y urbano, al tiempo que se debe tener en cuenta que son un rasgo de identificación como pueblo. Según los miembros de «El Pajar», existe un desconocimiento y poca comprensión. Desde la revista se agradece «el apoyo al Área de Cultura del Ayuntamiento de la Villa de La Orotava, a la Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, a través del Centro de Profesorado de La Orotava y a todos los vecinos y vecinas de Pinolere que se volcaron en colaborar para conseguir unas jornadas son precedentes». La vocación del citado colectivo es seguir siendo el referente para el estudio, el debate y la promoción de la artesanía. Ahondar en su conocimiento y en su problemática es la mejor garantía de supervivencia. Para Rafael C. Gómez León, Jesús García Rodríguez y Sebastián Díaz, equipo de «El Pajar», hay que definir qué es un oficio tradicional y explicar por qué esta actividad es patrimonio cultural. «Si entendemos por oficio la ocupación habitual de cada cual, para lo que, por formación o experiencia, está especialmente capacitado y si al tiempo definimos el término tradición como la transmisión de valores, ritos, costumbres, conocimientos de generación en generación, concluiremos que los oficios tradicionales en Canarias son aquellos que han venido desempeñando hombres y mujeres de nuestra tierra con el fin de dar solución a las necesidades cotidianas de una vida dependiente del entorno y los avatares históricos. Y que como forma de expresión individual y colectiva constituyen una seña de identidad nacional y por tanto son patrimonio cultural, que trascienden de nuestro Archipiélago y enriquecen la cultura universal». Hoy en día las personas que están vinculadas a los oficios tradicionales están aisladas unas de otras. Sin embargo, cuando esta actividad se desarrollaba dentro del engranaje socioeconómico la interdependencia era notable. Cada uno dependía de diferentes oficios para llevar adelante el suyo. De forma que el pescador dependía del agricultor que cultivaba linos con que hacía las redes, del cestero por sus nasas, del astillero para hacer su bote. A su vez, el astillero dependía del herrero que forjaba las anclas, del aserrador que cortaba la madera, de las hilanderas y tejedoras que confeccionaban las lonas para las velas. Antaño todos los artesanos se relacionaban habitualmente y ahora muy pocos se conocen. Los restos arqueológicos constatan el alto grado de especialización y desarrollo tecnológico que llegaron a alcanzar algunos trabajos como la cerámica, el cuero y las fibras vegetales, entre otros muchos. Sobre todo en los siglos XV y XVI, con la culminación de la Conquista y la colonización del Archipiélago, poco a poco se va perdiendo esa interrelación y pastores y pescadores van produciendo los objetos que necesitan para ejecutar sus labores. Hombres y mujeres se especializarán según una marcada división sexual en las tareas propias de la alfarería, los tejidos, la cestería, la carpintería para abastecer con ello las necesidades del mundo rural y de los núcleos urbanos. Actualmente, en las Islas se produce muy poco y se importa demasiado, al tiempo que el conocimiento del legado cultural de los ancestros no está presente en la formación del pueblo. «Por ello, los oficios tradicionales se entienden como elementos de tiempos pasados condenados a desaparecer. Precisamente es esta cualidad la que hace que un sector de la sociedad consuma productos artesanos, en su afán de poseer una reliquia», recogen los autores de «Los oficios tradicionales: un bien de interés cultural». Los responsables de «El Pajar» apuntan que «las instituciones públicas, administrativas y las dirigidas por personas que provienen de esa misma sociedad, con sus defectos y virtudes, han llevado a cabo políticas que, salvo contadas excepciones, no han abierto posibilidades de futuro para el sector. Por el contrario, han potenciado la idea de lo tradicional como testigo fósil, sin ver su potencial económico, reduciéndose sus acciones a un apoyo paternalista y pseudofolclórico». | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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