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EL ESPEJO REGIONAL TAMADAYA PEQUEÑOS petimetres de baja alcurnia es la frase más apropiada que encontramos para definir a la horda de indocumentados amarillos que, revelándose sobre su propia iniciativa de ejecutar una ley de sedes nada querida, ahora quieren matar a su propio hijo, declarándolo «non grato», por no servir a su enrevesada mala conciencia. Aún sentimos en nuestras chicharreras carnes los escarnios, acusaciones y abusos que se dijeron de nuestros políticos, y por extensión de nuestra gente, falseando datos y manipulando la opinión pública desde el más oscuro maniqueísmo digno de retrasados mentales traumatizados por unos celos infundados e irrespetuosos. Es una decepción que, ciclo tras ciclo, reavivan sus mezquindades y complejos de visitantes de cloacas para intentar vender a su gente mejores perspectivas que los tristes resultados que su gestión demuestra. Es el vivir en el poder por encima de todo, incluso de nosotros, que somos convidados de piedra en el maleficio de la inutilidad de los dirigentes canariones, que nos exportan sus flatulencias y bajezas, intentando sindicar a sus falsos agravios una supuesta demanda social que apadrinan una panda de mediocres. ¿Cómo pueden decir que ellos están por encima de nuestras necesidades, si su población, entre otras cosas, vive en la capital, y la nuestra vive más dispersa en toda la Isla? ¿Acaso no podemos solucionar los desplazamientos laborales que gravan «in itinere» las demoledoras estadísticas de riesgos laborales?A veces dan ganas de que la tapia del trastero suba tantos metros y sea tan gruesa que no deje pasar ni la luz ni el hedor de las absurdas y disparatadas cantigas de unos bufones disfrazados de zorrillos. Luego tienen la caradura insoportable de intentar mandar a Tenerife toda la plantilla de inmigrantes ilegales que ellos no pueden soportar en sus polvorientas calles e intentan que Tenerife los acoja, definiendo una falsa solidaridad que comienza por no soportar ellos su propia miseria. Si no queremos que vivan etarras en nuestras cárceles, porque es un problema exclusivo del País Vasco, ¿qué motivo hay para recibir aquí inmigrantes ilegales desde otras zonas? ¿Acaso que le afean la avenida marítima a su prócer en la Alcaldía? ¿O tal vez quiere María Eugenia Márquez dar una imagen de desarrollo que le capacite para un tren o una pista de aeropuerto o un manicomio de uso parcial? La solidaridad no es repartir miserias; la solidaridad es compartir futuro, riqueza, proyectos, hermandad y capacidad de sacrificio. Todo lo contrario a estos falsos profetas que quieren pontificar sobre los derechos de los demás, a base de no ver qué es lo que les falta, o lo que es peor, cuáles son los beneficios que los demás son capaces de conseguir con su esfuerzo, y que, filtrándolos por la envidia y la sinrazón, lo beben como un elixir de amargura. Y es que un político amarillo se está convirtiendo en un especialista en comer con los dientes de los demás, y en los forenses de una región, a la que hunden sus raíces en el nivel freático de la intolerancia y la ignorancia crónica.
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