DEBÍA servir de ejemplo, ahora que tanto hablamos de moratorias, lo que ha ocurrido en el Puerto de la Cruz durante los últimos veinte años.
Por causas de todos conocidas (el casi cierra del TenerifeNorte y el «gran boom» del Sur de la Isla), el Puerto de la Cruz, sin que nadie se lo impusiera, generó, automáticamente, una necesaria moratoria que manteniendo las mismas camas, o más bien disminuyendo su número por el cierre o reconversión de algunos establecimientos, ha logrado mejorar sus cifras de ocupación hasta ser las más altas de Canarias.