POR estas fechas donde equivocadamente, las desmesuradas comilonas quieren ser una muestra externa más, junto con los excesos alcohólicos, de felicidad; y donde para suplantar el descenso de consumo de vacuno por el temor a «las vacas locas» resulta ser el cerdo el más sacrificado, nunca mejor dicho, creo procede una mirada retrospectiva y una palabra agradecida al vilipendiado animal de la «vista baja», el que siguiendo sus costumbres ancestrales gusta como tantos animales selváticos de revolcarse en el barro; y por ello, sus diversos nombres, puerco del «porcus» latino, cerdo por las cerdas que conforman su pelambre, cochino (el «cochon» francés) por la onomatopeya de la voz con que se le cita queriendo imitar su gruñido («coch» o «gosch») son sinónimos de hombre cicatero, o grosero, sucio y hasta ruin..