CON su dispositivo pronto al juego del agua, desde su alta situación, contemplativa y sola, nos observa silenciosa, insólita, certera, ella, para nuestros arreglos solícita, a cualquier hora deleitosa y amiga siempre de higiénicos decoros.
«Con los ojos llenos de vacío, atónitos y sorpresivos, irrupción suspensa del asombro y colgando de donde cuelgan los inesperados acaeceres, vislumbro mi aterrizaje en forma de espolvoreadas gotas hacia cuerpos indefensos, en una lluvia refinada y limpia, dispuesta al sacrificio de convulsas maniobras y envolventes situaciones.