TENGO un buen amigo, inteligente, culto y sensible, que, sin embargo, en cuanto se fuma un par de petas le da por sentarse ante el televisor para ver corridas de toros. Ahora que la clase médica empieza a reconocer las virtudes medicinales del cáñamo, el caso de mi amigo es casi un contraejemplo para los defensores de actitudes anti - prohibicionistas.