MALA suerte tiene esta comunidad autónoma con sus gestores educativos. Al desastre que supuso el paso de José Mendoza por una Consejería donde no ha vuelto a crecer la hierba de la confianza entre sindicatos y políticos, se une ahora el desconcierto de sus sucesores, que tampoco aciertan a pacificar el departamento más contestado, tanto desde el frente laboral como desde el social.