RECIENTEMENTE
publiqué en esta columna dominical una crónica, algo alarmante, sobre la actual situación de la que fue primera y más importante ciudad turística de Canarias: el Puerto de la Cruz.
Intenté que la mía fuera una voz de alarma más que moviera al Gobierno autónomo y a las Corporaciones responsables a poner, urgentemente, sin perder un solo instante, toda la carne en el asador para sacar al Puerto de esta crisis, que considero la más grave de todas por las que ha pasado y que apunta a que, dentro de menos de lo que se cree, el Puerto de la Cruz sea una ciudad recuerdo, una zona residual, un centro con sólo presencia testimonial en la futura y casi presente realidad turística de Canarias.