CANARIOS, «isleños», no se dejen llevar por los que desde su vida fácil, confunden la simplificación con el facilísimo. En este momento de Emergencia Nacional, emergencia en ambas orillas, no debemos dejar que progresen las decisiones sobre las formas de la participación en las ayudas, y tratar de vender la idea de que, como en Venezuela el costo de las mercancías para suplir las necesidades de los damnificados son más baratas, encauzar que las campañas de recolección de ayudas sean hechas en dinero solamente. Es correcta la apreciación de que muchas de las mercancías se podrían comprar en Venezuela, pues el cambio de la moneda hoy favorece que se hagan las compras en este país. Pero debemos analizar cuáles son esas mercancías, pues en los rubros medicinales, «nanay de la China», y con dinero desde aquí habría que importarlas de otros países, y podría darse la circunstancia, que podría ser de la misma España, con los consiguientes costos adicionales, de transportes y todo el cúmulo de intermediación de todo tipo para estos casos de importación, lo cual, las ONG. (Organizaciones no Gubernamentales), ya tienen superado. Más aún, preservaríamos un gran porcentaje de esta ayuda, si no todo, de caer en manos de la «Manguangua», riesgo éste que no es descartable. La definición etimológica de la «Manguangua» es imposible, pues es una actitud de los individuos que estando encargados de una labor, por el ahorro de esfuerzos personales y utilización del tiempo que sea necesario, para llevar a buen fin la labor para la cual se supone se brindaron, pues nadie les obliga, y tratan por todos los medios a su alcance de mantener el control de la situación, con el menor esfuerzo posible. Esta situación de las ayudas a Venezuela está planteada como una ecuación de primer grado con dos incógnitas, una positiva y otra negativa. La positiva es que las personas que por sus responsabilidades en los cargos que desempeñan, deben promover que la población de Canarias que se ha volcado en la ayuda, lo haga en la forma que espontáneamente lo desee y que menos onerosa le sea; y la negativa, que no se le coarte en una sola dirección. Canarios, «Isleños», los refranes populares representan el mejor compendio de la sabiduría popular. Si cuando llegamos a este país, Venezuela, algunos hubiéramos tratado de interpretar los refranes venezolanos, muchas cosas no muy santas, nos hubiéramos ahorrado y para muestra un botón: «No me dé rial (dinero), póngame donde haiga».P.D.: No nos olvidemos la gran afinidad de nuestros pueblos. Valencia, Venezuela.E-mail: tacoront*telcel.net.ve.